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Existe la creencia de que un demonio o un espíritu maligno puede introducirse en el cuerpo de una persona y manejar sus actos cual marioneta. El cine se ha encargado de hacer famosos casos como el de Emily Rose (nombre ficticio de una adolescente alemana que falleció tras terribles tormentos achacados a una posesión demoníaca). Creyentes y escépticos exponen sus razones para creer o no en este misterio.
Los escépticos se apoyan en la gran influencia de la sugestión para explicar estos fenómenos. Se han hecho estudios científicos al respecto, por ejemplo uno publicado en el Journal of Experimental Psychology Applied, en el que participaron 200 estudiantes italianos escépticos. Tras varias charlas y sesiones se les intentó hacer creer que podrían haber estado poseídos, al finalizar el experimento un 18% lo creían firmemente. Coincidiendo con los estrenos de películas sobre el tema, se dispararon el número de poseídos. Además diferentes enfermedades, sobre todo psiquiátricas o neurológicas, pueden explicar mucho de los síntomas.
Los creyentes se apoyan en que vivimos en un mundo que predispone a acercarnos al mal: sectas satánicas, ouija, ocultismo, paganismo, brujería... todas estas se consideran puerta de entrada al mal en nosotros. Además el poseído debe cumplir una serie de características para ser catalogado como tal. Aunque los criterios no están estrictamente establecidos, al menos debe presentar dos de los siguientes:
-Mostrar una fuerza sobrehumana
-Hablar de forma fluida lenguas desconocidas (hebreo, arameo, latín...)
-Mostrar aversión a símbolos religiosos (oración, crucifijos, agua bendita...)
-Conocer hechos ocultos o no revelados
-Insultos, lenguaje soez, pérdida del pudor y cambios en la tonalidad de la voz.
La manera de expulsar al demonio es mediante un exorcismo. Los exorcistas de la iglesia evalúan caso por caso y valoran cuáles son probablemente posesiones del maligno. En España únicamente hay dos exorcistas oficiales. En otros países, como Italia, hay muchísimos más.
Los dos mitos "estrella" del terror infantil en nuestro país son sin duda El Coco y El Hombre del Saco. El Coco es un monstruo peludo y silencioso que acecha en las casas en busca de niños que no quieren irse a dormir, esperándoles debajo de la cama o detras de la puerta, para alimentarse de ellos. Al parecer su nombre puede provenir del fruto, ya que las descripciones del monstruo recuerdan a él: cabeza redonda y peluda en la que se ven tres agujeros que podrían ser la boca y los ojos. Otras teorías relacionan el nombre con el de "kuku", al parecer era un malvado diablo africano "comeniños" que fue obligado a viajar a América a bordo de un barco de esclavos. Los defensores de esta hipótesis se basan en que en América el mismo monstruo come-niños insomnes se llama "Cuco".
El hombre del saco (en sudamérica es "el hombre de la bolsa" ) es un malvado personaje que vaga por las calles en busca de niños extraviados, a los que engaña, y mete en el saco para secuestrarlos y llevarlos a algún misterioso lugar. Es la perfecta "amenaza" para que los niños no deambulen solos por las calles ni se fien de desconocidos. El mito al parecer está basado en una horrible historia real sucedida en España a principios del siglo XX, en la que una curandera secuestró a un niño de 7 años que se había extraviado para utilizar su sangre y su grasa como ingrediente de un ungüento curativo. Tras meterlo malherido en un saco, lo llevó a su casa para matarlo. Su cómplice, despechado por no recibir el dinero pactado, confesó el crimen.
Evidentemente en cada país estos personajes cambian de nombre aunque el objetivo es el mismo, convencer a los niños de que deben portarse bien. En los países nórdicos está Babayaga, en los países bajos El Duque de Alba, y en oriente medio cuando los niños no se comen la sopa quien puede venir a comérselos es el mismísimo Ricardo Corazón de León (!!!)
Bueno, hoy os voy a contar una de esas historias que ponen los pelos de punta, especialmente porque una vez más, la realidad supera la ficción. No sé si conoceis el relato de Robert L. Stevenson de "Los ladrones de cadáveres"... pues esperaros a oir la historia REAL de William Burke y William Hare.
La historia trascurre en Edimburgo, en torno a 1830, cuando Burke y Hare entablaron amistad. Hare poseía una pequeña casa de huéspedes en el barrio de Tanner's Close, e invitó a Burke y a su esposa a alojarse en ella. Coincidía que por esas fechas un viejo huésped de la pensión falleció en su habitación. Hare, indignado porque el huésped no tenía familia y tendría que sufragar los gastos del sepelio, le contó lo sucedido a su amigo Burke, y juntos idearon el plan de vender el cadáver a un famoso anatomista, Robert Knox, para librarse de él y ganarse un sobresueldo. Así, el cadáver del anciano fue vendido por siete libras y diez chelines.
Hasta aquí algo macabro, pero bueno..., la cesión (en este caso venta) de cuerpos a la ciencia no estaba del todo mal vista en el caso de vagabundos o fallecidos sin familia y sin recursos, aunque algunos lo llevaban hasta el punto de profanar tumbas y robar los cadáveres. Era ésta una práctica habitual en el siglo XIX. Pero a Burke y Hare la tarea de desenterrar muertos les parecía demasiado costosa. El dinero obtenido por el cuerpo del viejo despertó su avaricia, lo que llevó a estos dos personajes a asesinar de forma continuada a varios de los huéspedes de la pensión para vender sus cadáveres. Robert Knox les pagaba sin hacer preguntas, ya que estaba ávido de nuevos cuerpos para diseccionar en sus clases de anatomía. Las víctimas siempre eran personas humildes, sin familia, prostitutas, deficientes mentales... por los que nadie preguntaba después... ... excepto en el caso de la penúltima víctima, un joven retrasado de 19 años que había huido de su casa. A los pocos meses de su muerte, su anciana madre llegó a Edimburgo en su busca, tropezando por casualidad con Burke y convirtiéndose en la última víctima de los asesinos aunque de forma un tanto precipitada. Esta precipitación llevó a que el cadáver fuera descubierto por una de las huespedes de la pensión, que sospechó de la extraña actitud de Burke cuando le impidió la entrada en la casa.
Burke y Hare fueron detenidos. Hare se salvó de la horca al testificar contra su socio y reconocer el asesinato de al menos 16 personas. Burke fue condenado y tras su muerte, su cadáver fue diseccionado públicamente y su esqueleto exhibido en la facultad de medicina. Hare y Knox tuvieron que huir de Edimburgo para no ser linchados por la airada muchedumbre, y nunca más se supo que fue de ellos...
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