
En el siglo XIV una gran epidemia asoló Europa: La Peste o Muerte Negra. El inicio de esta terrible plaga se sitúa en Asia, probablemente en la India, y rápidamente se extendió a Europa a través de los contactos comerciales especialmente los marítimos. La puerta de entrada a Europa fue probablemente a partir de navíos genoveses que extendieron la enfermedad por todos aquellos puertos a los que arribaban: Génova, Sicilia, Venecia y Pisa y posteriormente toda la Toscaza. En poco tiempo la enfermedad asolaba Europa. Los síntomas están ampliamente descritos por los médicos medievales: fiebre alta y escalofríos seguidos de la aparición de los bubones (inflamación de los ganglios linfáticos a nivel de cuello, axilas e ingles) en la forma bubónica, o expectoración de sangre en la forma pulmonar. Si la infección se extendía al torrente sanguíneo (la llamada forma septicémica) se producían múltiples hemorragias generalizadas que daban a la piel una tonalidad azulada-negruzca que era la que daba el nombre a la enfermedad (“Muerte negra”). La mortalidad era prácticamente del 100%. La población huía despavorida de las ciudades extendiendo la epidemia. Los médicos se veían impotentes ante la terrible enfermedad, que terminó con la vida, según los cronistas de la época, de una cuarta parte de la población europea. Para atender a los enfermos utilizaban trajes especiales, largos hasta los pies, sombreros, guantes, y con la cara cubierta por una careta en forma de pico que tenía en su interior algodones empapados de alcohol. A pesar de eso muchos de ellos perecieron a consecuencia de la enfermedad. Todas las medidas de la época para combatirla fueron inútiles: el fuego, las sangrías, las hierbas medicinales…Hubo múltiples hipótesis para explicar tan terrible enfermedad: el castigo divino por los pecados de la humanidad (en esta época proliferaron las órdenes de penitentes y flagelantes), o causas más terrenales ( en algunos países se acusó a los judíos o a las brujas de contaminar los pozos de agua, o se culpaba a mendigos, pobres, maleantes o peregrinos de trasmitir la enfermedad). La gran epidemia hizo estragos en Europa durante ocho largos años y supuso una de las mayores catástrofes demográficas y económicas de la historia de la humanidad.
Hoy en día conocemos la causa de la Peste Negra y de su rápida expansión: es una enfermedad infecto-contagiosa causada por el bacilo Yersinia Pestis, trasmitido por la picadura de la pulga de la rata o a partir del contacto con materiales contaminados a través de heridas o cortes en la piel. La forma pulmonar además se transmite a través del aire por contacto con personas infectadas. El bacilo fue aislado en 1894 por el doctor Alexandre Yersin, que demostró la relación entre la infección del ser humano y la de la rata. Las ratas que viajaban en los barcos provenientes de oriente trasmitieron rápidamente la enfermedad y las pésimas condiciones sanitarias de la población, especialmente en los lugares más poblados y con más aglomeración, hicieron el resto.

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