
Aunque nos pueda parecer extraño, "urraca" era un nombre de mujer muy frecuente en la Edad Media, he contado hasta 11 reinas en las genealogías de reinas de León, Navarra y Castilla con este nombre. Pero la Doña Urraca por excelencia es la hija del rey Fernando I de Castilla y de León. Cuenta la leyenda que en el lecho de muerte de su padre, la hija pronunció estas palabras:
" ¡y a mí, porque soy mujer, - dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra - como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría - a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero - y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, - haré bien por vuestra alma."
Sin embargo, Fernando I de Castilla a su muerte, repartió el reino entre sus tres hijos: Sancho, el primogénito, heredó el reino de Castilla, Alfonso el de León, García el reino de Galicia, y Doña Urraca la plaza de Zamora. Pero la enemistad entre los cuatro infantes ahora reyes no tardó en surgir, y Sancho declaró la guerra a sus hermanos. Primero hizo prisionero a su hermano García arrebatándole Galicia, y después puso cerco a Zamora. Doña Urraca defendió su plaza con uñas y dientes, durante siete largos meses de penurias, hambre y penalidades, que terminaron con el asesinato del rey Sancho a manos de Bellido Dolfos. Desde entonces se llama a Zamora "La Bien Cercada" (tiene tres recintos amurallados) y de esta época es famosa la frase "Zamora no se toma en una hora", cuando queremos decirle a alguien que no sea impaciente.
De Doña Urraca se cuentan numerosas leyendas y misterios. Se desconoce la relación exacta que tuvo con el Cid, aunque se presupone que la reina estaba enamorada del campeador. Lo único que se sabe con certeza al respecto es que fue su madrina de armas y fue la encargada de calzarle las espuelas precisamente en Zamora, en la iglesia de Santiago el Viejo. También se la presupone amante del asesino del rey, Bellido Dolfos. Desde luego fue una mujer valiente, que no se resignó a un segundo plano como mujer en esta época, y que siguió de cerca tanto los asuntos políticos como las intrigas de la corte. Únicamente en sus últimos años dedicó sus esfuerzos a conseguir fondos para instituciones religiosas, hasta su muerte, acaecida en el año 1101. Sus restos descansan en el panteón de la Basílica de San Isidoro en León.

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