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Atila: el rey de los Hunos, feroz enemigo de los imperios romanos de oriente y occidente, forjó un gran imperio y pasó a la historia como aquel que "por donde pisaba nunca volvía a crecer la hierba". Pues bien, lo que no pudieron hacer sus enemigos, lo hizo una simple hemorragia nasal: en su noche de bodas tras los festejos y probablemente ebrio, Atila se quedó dormido profundamente con tan mala suerte que comenzó a sangrar por la nariz, hasta asfixiarse.
Federico I, "Barbarroja": rey de Alemania en 1152 y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico a partir de 1155, orgulloso hasta el extremo de oponerse al Papa, lo que le costó la excomunión. Gobernante contundente y defensor de la cristiandad, participó en la tercera cruzada y fue artífice de grandes victorias frente a los musulmanes. Se cuenta que, encontrándose fatigado por el día caluroso, decidió darse un baño en el río Saleph. Otras versiones dicen que accidentalmente se cayó del caballo al atravesar el río, pero fuera lo que fuese el contacto con el agua helada le produjo un colapso que causó su muerte inmediata.
Enrique I de Castilla: En 1214, con la tierna edad de 10 años, ascendió al trono de Castilla en medio de intrigas palaciegas e intentos frustrados de matrimonio. Cuando ya estaba acordado su matrimonio de conveniencia, las intrigas se acabaron bruscamente en 1217, cuando le cayó accidentalmente una teja en la cabeza mientras jugaba con sus amigos.
Felipe IV de Francia, "El Hermoso" pasó a la historia como el rey que con su avaricia propició el fin de la orden del Temple mediante artimañas y falsas acusaciones. Cuenta la leyenda que el Gran Maestre le maldijo justo antes de morir y le emplazó al juicio de Dios en el plazo de un año. Pues bien, el rey Felipe, mientras cazaba a caballo en el bosque de Fonteuneubleau, no se percató de la presencia de una rama baja que le golpeó el pecho y le tiró del caballo, con una lesión medular que le produjo la muerte.
No se queda atrás su homónimo Felipe I de España, "El Hermoso": esposo de Juana la Loca, a él se culpa de la locura de la reina por sus contínuas infidelidades. Aunque intentó sin éxito incapacitar a su esposa para reinar, gobernó sin tenerla prácticamente en cuenta, hasta que, un caluroso día, en una fragorosa partida de bolos, se bebió de golpe un jarro de agua helada, comenzó con fiebre elevada y confusión y falleció en escasos días.
Ludovico Pío: tercer hijo y sucesor de Carlomagno, es sobre todo conocido por su victoria y conquista de Barcelona en el año 801, fundando el Condado de Barcelona. Pues bien, este feroz guerrero falleció en el año 840 por el pánico que le produjo la visión de un eclipse solar.
Papa Juan XXI: es el llamado papa médico, tenía amplios conocimientos científicos y médicos. Culto y erudito. Su muerte está rodeada de misterio, ya que el 14 de mayo de 1277, las paredes y el techo de su departamento privado se le vinieron encima sin motivo aparente. Las malas lenguas dicen que en ese momento se encontraba practicando artes mágicas o experimentos.
En 1478 el duque de Clarence, hermano del rey Eduardo IV de Inglaterra, fue acusado de conspirar contra el rey y condenado a muerte. Debido a su fama de amante de la buena bebida, cuenta la leyenda que la pena fue el ahogamiento en un barril de vino.

Carlos II de España, "El Hechizado", rey de España entre 1665 y 1700 y último de la casa de Austria, es un personaje fascinante desde su mismo nacimiento desde un punto de vista médico. El embajador de Francia no pudo describirle mejor al verle: "Asusta de feo"-dijo. Cuentan que su propio padre Felipe IV, al verlo, ordenó que cuando llegara el momento de exhibirlo en público, el príncipe fuera bien tapado para que se le viera lo mínimo imprescindible. Y es que al parecer tenía una cabeza descomunal, piel de tinte verdoso, costras en la cabeza y lesiones vesiculosas en las mejillas. Al pasar los años, la situación no mejoraba precisamente: a los 4 años, cuando fue coronado rey de España, aún no caminaba, era extremadamente débil y enclenque, de cabeza abultada, y hasta los 10 años no hablaba de forma inteligible. Padeció todas las enfermedades exantemáticas posibles: varicela, sarampión, rubeola y viruela, además de numerosas infecciones respiratorias, una de ellas muy severa, a los 8 años, que le dejó secuelas de por vida. Por este motivo vivía prácticamente enclaustrado con miedo al "enfriamiento". Es también por este miedo por lo que Carlos tenía fobia a cualquier tipo de higiene personal: se bañó en escasas ocasiones a lo largo de su vida y apenas se peinaba y lavaba.
Ya desde su infancia fue evidente que presentaba, además de sus numerosos problemas físicos, un importante retraso intelectual. Todos los que le rodeaban estaban seguros de que el rey no viviría muchos años así que nadie se preocupó en demasía de su educación. El rey creció siendo prácticamente analfabeto mientras los intrigantes de la corte tomaban posiciones para la posible sucesión. Pero la precaria salud del rey no impidió, ante la sorpresa de todos, que se enamorara perdidamente de la bella Maria Luisa de Orleans, con la que se desposó en 1679.
Según cuentan los cronistas de la época, fue la propia reina la que confesó a los médicos de cámara la impotencia de Carlos II. Se cuenta la leyenda de que el embajador francés llegó a sustraer unos calzones del rey de la lavandería de palacio para investigar la esterilidad del monarca.
A pesar de los achaques del rey, que envejecía prematuramente y que presentaba un aspecto físico deplorable, fue su joven esposa la que falleció prematuramente de forma repentina (parece que la causa probable fue una apendicitis). El problema de la descendencia se convirtió en una cuestión de estado, y el rey se casó rápidamente en segundas nupcias con Mariana de Neoburgo, de la que se decía que era "caprichosa y llorona", pero probablemente fértil, ya que su madre tuvo la friolera de 23 hijos.
Los problemas de salud del rey se agudizaban, presentaba fuertes dolores abdominales, crisis epilépticas, debilidad generalizada y se le hinchaban tanto los pies que apenas podía andar. La idea de que alguien le había endemoniado o hechizado le torturaba. Carlos estaba convencido de que una de las causas fue su negativa de niño a besar el cadáver de su padre en el lecho de muerte, e incluso llegó a sacar la momia de Felipe IV de su tumba en el Escorial para poner remedio a su terrible falta. Fueron varios los sacerdotes y curaderos los que alimentaron el delirio del rey sobre el hechizo, y contribuyeron a su deterioro final con las pócimas y remedios prescritos.
Cuentan que los días previos a la muerte del rey presentaba una diarrea tan severa que le impedía levantarse de la cama. La sospecha del hechizo se mantuvo hasta el final, y por este motivo se le practicó la autopsia, cuyo informe decía que el cuerpo del rey "no tenía ni una sola gota de sangre, el corazón apareció del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroídos, los intestinos putrefactos y gangrenados, tenía un solo testículo negro como el carbón y la cabeza llena de agua."
Hoy en día, de forma retrospectiva, muchos médicos han analizado los síntomas descritos y han llegado a la conclusión de que Carlos II el Hechizado, pudo padecer una larga lista de enfermedades: algún tipo de infección perinatal, raquitismo carencial (por su escasa exposición al sol), infecciones exantemáticas de la infancia, cólicos renales complicados con infecciones renales y finalmente insuficiencia renal secundaria, progeria (enfermedad que causa un envejecimiento prematuro), infecciones gastrointestinales con diarrea y finalmente deshidratación. Su esterilidad y retraso mental se atribuyen hoy en día a una probable anomalía cromosómica que recibe el nombre de Síndrome de Klinefelter.
Si hay una edificación que todos identificamos con el medievo, es el castillo, ya que aunque sus orígenes se remontan a siglos antes, es en la Edad Media cuando estas fortificaciones proliferan por toda Europa. En la península podemos encontrar cientos de castillos en perfecto estado de conservación, muchos de ellos rehabilitados y transformados en elegantes y confortables hoteles. Además muchos de estos castillos han jugado importantes papeles en la historia, de forma que merecen un apartado en cualquier página sobre ella.
Me centraré en el castillo medieval europeo, aunque quería llamar la atención sobre la cantidad de términos árabes que definen su estructura (almena, aljibe, adarve, barbacana...).
De forma general un castillo es un recinto amurallado cuyo papel principal era defensivo, generalmente de localización privilegiada en lo alto de un cerro o una loma, desde la que se divisa todo el horizonte. A sus pies era frecuente encontrar aldeas o ciudades, al abrigo de la protección de sus murallas y soldados.
La estructura del castillo refleja su papel militar y defensivo, aunque por supuesto también sirviera de residencia a nobles o señores y a sus familias, de forma que tras sus muros podemos encontrar aquellas dependencias necesarias para hacer de él un lugar habitable y en ocasiones hasta confortable.
Para entrar al castillo, lo primero es franquear el foso a través del puente, en muchos casos levadizo. Es la primera barrera defensiva través a que nos encontramos en nuestro camino. Las murallas rodean el recinto en su totalidad. Puede ser sencilla o haber varias estructuras amuralladas. Algunos castillos además poseen la llamada barbacana, una muralla exterior de menor altura, generalmente como sobreprotección de zonas más accesibles, como las puertas o los puentes. La muralla en su parte más alta está coronada por las almenas, que facilitan la defensa de los soldados, y tras ellas suele haber un pasillo estrecho por el que se puede transitar para moverse de un lado a otro de la muralla, que recibe el nombre de adarve. En ocasiones hay adarves a diferentes alturas comunicados por intrincadas redes de pasadizos y túneles. Intercaladas entre las almenas, hay torres y garitas con estrechos ventanucos tras los que se apostan los arqueros.
Una vez en el recinto, nos encontraríamos en el patio de armas. Recibe este nombre porque es el lugar en el que se adiestra a los soldados, al que llegan y del que salen, pero en realidad es una especie de gran recibidor que se comunica con las dependencias más importantes del castillo: la armería, la sala de recepción, la capilla, los pasadizos hacia las mazmorras, etc. En una altura inferior además puede haber un aljibe, una especie de depósito de piedra en el que se recogía el agua de la lluvia o se almacenaba el agua trasportada desde ríos o pozos cercanos.
En nuestro camino por el castillo, el lugar más apartado y por tanto más protegido, es la Torre del Homenaje, la parte residencial del recinto. Suele ser una torre cuadrangular que alberga las dependencias privadas del señor, casi siempre decoradas con austeridad y sencillez. La zona más elevada está ocupada por los aposentos, mientras que en la parte más baja de la torre está dedicada a los quehaceres domésticos (cocinas, almacenes de víveres, dependencias de los criados...).
A grandes rasgos, esta sería la estructura básica de un castillo medieval. Pero por supuesto, como en muchos otros ámbitos, no hay dos iguales, cada castillo tiene su estructura, su peculiaridad, sus dependencias y por supuesto… su leyenda.

La catedral es un templo de culto cristiano, y el término deriva de la palabra griega "cathedra" que significa "asiento" (de la que deriva por tanto los términos de cátedra/catedrático" aplicados a las universidades). El término se refiere en realidad a "la silla del obispo o arzobispo" de la diócesis, ya que la catedral es la iglesia más importante de ésta. La palabra "catedral" aparece por primera vez en un documento escrito en el siglo VI. Su construcción se deriva fundamentalmente por razones demográficas, ya que el rápido crecimiento de las ciudades obligó a disponer de un templo suficientemente grande para albergar a todos los creyentes. La importancia implícita de la catedral no siempre se corresponde con su tamaño, especialmente en el Románico, en el que podemos encontrar pequeñas catedrales aunque no menos importantes desde el punto de vista de su papel religioso.
En el periodo artístico conocido como Románico (siglos X-XII) podemos encontrar una integración de los estilos arquitectónicos precedentes (grecorromano, prerrománico, bizantino, árabe...) y que da lugar a un estilo sobrio, simétrico y armónico, con tendencia a la horizontalidad. El desconocimiento por aquel entonces de técnicas de reparto del peso hacía que se construyeran sólidos muros con escasos ventanales y de escasa altura, sostenidos por bóvedas de cañón y arcos de medio punto. Sobre las puertas (en los tímpanos) podemos encontrar bellos motivos ornamentales que suelen corresponderse con pasajes bíblicos dedicados a instruir a los creyentes que no supieran leer los textos sagrados (especialmente repetido es el pasaje del juicio final). La estructura básica del templo románico consta de planta de cruz latina con tres naves que culminan en una zona semicircular en la cabecera llamada ábside, donde se encuentra el altar. El lugar donde se entrecruzan los dos brazos de la cruz, se llama crucero, y suele estar rematado por una cúpula. En las catedrales dedicadas a recibir a los peregrinos, como es el caso de la catedral de Santiago de Compostela (la catedral románica más importante de nuestro país) en torno al ábside hay un segundo pasillo llamado girola, para favorecer el ir y venir de peregrinos sin entorpecer el acto religioso.
Evidentemente el paso del románico al gótico no fue inmediato, sino progresivo, ya que la construcción de las grandes catedrales perduraba durante años e incluso siglos, así que no es difícil encontrar templos que se iniciaron como románicos y se terminaron como góticos. Y con orgullo puedo decir que en mi ciudad, coexisten dos catedrales unidas, una románica y otra gótica, en las que se mezclan ambos estilos.
El periodo gótico es el de las grandes catedrales, las que todos tenemos en mente. En nuestro país todos pensaríamos inmediatamente en Burgos y León. En Europa, como no acordarnos de Notre Dame! Decir gótico es decir verticalidad y luminosidad. Las catedrales se elevan sobre las ciudades gracias a las nuevas técnicas de arquitectura, como son el uso de bóvedas de crucería y los arbotantes exteriores, que permiten construcciones más elevadas, muros menos anchos y la posibilidad de abrir grandes ventanales que se decoran con vidrieras de vivos colores con motivos bíblicos. Las vidrieras tienen especial importancia en la decoración de las portadas, teniendo como marco principal el rosetón. La portada a su vez está flanqueada por dos altas torres.
Hasta aquí el repaso... Espero poder completar este artículo hablando una a una de las catedrales de las que poco a poco vaya conociendo su historia.
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