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Enlakabila

04 Feb 2008 
                                             
Corre el año 1099 y Jerusalén, la Ciudad Santa, está en manos de los musulmanes fathimíes egipcios, hasta que el día 15 de julio, tras un largo mes de asedio, los cruzados entraron en la ciudad. En el año 1100, tras la muerte del caballero Godofredo de Bouillon, su hermano Balduino se convierte en el primer rey de Jerusalén y es entonces cuando un grupo de caballeros que habían luchado en la Primera Cruzada deciden permanecer en la ciudad para proteger los santos lugares y a los peregrinos que llegan a ellos. Este es el inicio de la historia de la Orden del Temple.


"NON NOBIS DOMINE, NON NOBIS SED NOMINE, TUO DA GLORIAM”
(Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre.) 

                                     

En el año 1118 nueve nobles y devotos caballeros entre los que se encontraban Hugo de Payns, Godofredo de San Omer, Godofredo Bisol, Payen de Montdidier, Jacques de Rossal, Archibaldo de Saint-Amand y André de Montbard, se reunieron en Jerusalén para consagrar sus vidas, su valor y sus armas al servicio de Dios, con el objetivo de proteger los Santos Lugares así como a los peregrinos que los visitaban. Al mismo tiempo profesaron los votos de obediencia, castidad y pobreza. En este momento recibieron el nombre de Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.
Con el beneplácito del rey de Jerusalén Balduino I, estos nueve caballeros se establecieron en las caballerizas de la mezquita de Al-Aqsa donde previamente se había ubicado el Templo de Salomón. De ahí proviene el nombre con el que esta orden pasó a la Historia: Los Caballeros Templarios. 
                                              
Nueve años después, Hugo de Payns, considerado el Primer Maestre, junto con cinco de los fundadores viajan a Europa avalados por el rey de Jerusalén para recabar apoyos entre las monarquías y la nobleza, reclutar nuevos caballeros y recibir la autorización de la jerarquía eclesiástica para la fundación de la orden y para recibir su “regla” de conducta, llamada posteriormente “Regla Latina” basada en la regla de San Benito pero en la que se intenta conciliar la doble vertiente de los miembros, monjes y guerreros. El principio básico de esta regla o código templario es que un caballero del Temple es un soldado de Dios y como tal debe ser humilde, honesto, cortés y honorable, no debe causar daño a ningún ser o criatura por placer o riquezas, y debe estar al servicio de la justicia y la moral: un templario debe ser siempre un ejemplo para los demás. Los templarios cuentan con el apoyo incondicional de Bernardo de Claraval, y es en el Concilio de Troyes en 1128 cuando el papa Honorio II aprueba oficialmente la fundación de esta nueva orden de monjes-guerreros. A su regreso a Tierra Santa, son ya más de 300 caballeros y cuentan entre sus bienes y privilegios con gran cantidad de oro, derecho a limosnas y propiedades cedidas por la iglesia y la nobleza. 
                                            
Durante los años siguientes la Orden del Temple crece y se consolida, obteniendo privilegios como los resultantes de la bula papal “Omne Datum Optimim” (1139) por la cual los templarios quedan exentos de pagar diezmos e impuestos, podían administrar los botines de guerra y quedaban únicamente bajo la autoridad del Papa. A esto se añade la extremada habilidad de la Orden para administrar sus bienes ya que fueron hábiles economistas (por ejemplo introdujeron el sistema de “la letra de cambio” y se les puede considerar los primeros “banqueros” de la historia). Así mismo financiaron la construcción de iglesias y monasterios, y facilitaron la transmisión del saber y la cultura entre cristianos y musulmanes, hecho éste determinante para el posterior desarrollo del renacimiento europeo.

Grandes Maestres del Temple

Hugo de Payns (1118 – 1136)
Roberto de Croan (1136 - 1146)
Everardo des Barres (1146 – 1149)
Bernardo de Tremelai (1149 - 1153)
Andrés de Montbard (1153 – 1156)
Bertrando de Blanquefort (1156 – 1169)
Felipe de Milly (1169 – 1171)
Odo de St. Amand (1171 - 1179)
Arnoldo de Toroga (1179 – 1184)
Gerardo de Ridfort (1185 – 1189)
Roberto de Sable (1191 – 1193)
Gilberto Erail (1193 - 1200)
Felipe de Plessiez (1201 – 1208)
Guillermo de Chartres (1209 – 1219)
Pedro de Montaigu (1219 – 1230)
Armando de Perigord (1232 – 1244)
Ricardo de Bures (1245 – 1247)
Guillermo de Sonnac (1247 - 1250)
Reinaldo de Vichiers (1250 – 1256)
Tomás Berard (1256 - 1273)
Guillermo de Beaujeu (1273 – 1291)
Teobaldo de Gaudin (1291 - 1293)
Jacques de Molay (1293 - 1314) 
                                            
Es en el año 1147, en los albores de la segunda Cruzada, cuando el Papa concede a la Orden del Temple la cruz de color rojo en el manto que hoy es reconocida por todos, en el lado izquierdo, “el lado del corazón”. En torno al año 1220 los templarios suman más de 20000 caballeros, castillos, fortalezas, grandes extensiones de terreno e incluso flota propia. Fueron amonestados en varias ocasiones por diferentes papas, especialmente por sus rencillas con los Caballeros Hospitalarios pero su primer gran revés vino dado por la estrepitosa derrota en 1244 con la caída de Jerusalén a manos de Saladino y posteriormente por la derrota de Luis IX de Francia en Egipto.

El fin de los templarios

Temeroso del poder de la Orden del Temple y deseoso de apoderarse de sus bienes (entre otras cosas porque era el principal acreedor y debía a la orden grandes sumas de dinero), el rey Felipe IV el Hermoso de Francia aceptó como ciertas las acusaciones de Esquino Floriano, antiguo confidente expulsado. Aprovechando la falta de apoyo del Papa Clemente V, el rey envía cartas selladas con la orden de arrestar a los caballeros templarios bajo las acusaciones de idolatría, herejía, sodomía y adoración al diablo. El día 13 de octubre de 1307 el Gran Maestre Jacques de Molay es arrestado junto con centenares de caballeros en todos los rincones de Francia y en menor medida en otros paises, siendo sometidos a espeluznantes torturas para arrancar la confesión de sus pecados.
La supresión de la Orden del Temple se hizo efectiva en abril de 1312 en el Concilio de Vienne. Miles de caballeros fueron torturados y ejecutados hasta entonces. El día 18 de Marzo de 1314, Jacques de Molay y otros 3 máximos dirigentes del temple fueron llevados a la hoguera. Cuenta la leyenda que, tras proclamar ante todos su inocencia y la de su Orden, Jacques de Molay maldijo al papa y al rey y les emplazó al juicio de Dios en el año siguiente. Coincidencia o no, ambos fallecieron antes de finalizar ese año.
(Aunque en mi opinión la verdadera maldición fue pasar a la historia como los artífices de la caída de los templarios...)


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07 Feb 2008 
El fútbol oficialmente como deporte "nació" allá por un 23 de octubre de 1863, en Londres. Pero... resulta difícil de creer que previamente a esta fecha no se jugara al fútbol (es decir, a un juego entre dos equipos rivales en el que se dan patadas a una


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07 Feb 2008 
Seguro que más de uno se habrá horrorizado al leer el título. Muchas veces he oído hablar a mis padres de cuando tuvieron que estudiarse la interminable lista de los reyes godos, la repetían como una cantinela ...


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09 Feb 2008 
Se cree que la palabra “asesino” procede del vocablo árabe hashshashin, que significa “consumidor de hachís” y que hace referencia a una secta chií que vivió su momento de máximo apogeo en la Edad Media, en plena época de las cruzadas, conocida por su ferocidad y crueldad.

Derivan del ismailismo, una rama del islam que niega la muerte del imam Ismail y explican su ausencia con teorías esotéricas. Incluso muchas leyendas les relacionan con magia y nigromancia. En realidad sería más correcto llamarlos nizaríes, ya que desgraciadamente, todas las referencias sobre esta secta, su ferocidad y su relación con determinadas drogas han llegado a nuestros días de la mano de los cronistas rivales y enemigos (entre ellos el propio Marco Polo) y resulta muy difícil separar leyenda de realidad.

Cuentan las leyendas que los combatientes nizaríes eran drogados sin saberlo y que en pleno desvarío se les llevaba a un secreto jardín oculto en la mítica fortificación de Alamut. Allí despertaban rodeados de flores y fuentes, dulces manjares y  hermosas mujeres y se les hacía creer que habían tenido el privilegio de conocer el paraíso antes de la muerte. Estas visiones se harían realidad si daban su vida en el campo de batalla. De forma que los nizaríes no tenían ningún miedo a la muerte o al castigo que derivara de sus crímenes de “guerra” por crueles que fueran. Pero tampoco atacaban sin más, sino que eran pacientes, estudiaban a sus víctimas o incluso entablaban relación con ellas para luego traicionarlas. Sus armas favoritas eran las dagas, que obligaban a una gran cercanía con la víctima, y una vez cometido el crimen, su mayor premio era morir para alcanzar el paraíso soñado.
Su líder, Hasan-i-Sabbah era un anciano al que unos llaman loco malvado  y otros piadoso y venerable, al que se apodaba “el viejo de la montaña” (por estar siempre oculto para evitar a sus cada vez más numerosos enemigos). El resto de la estructura de la secta era jerarquizada. Los “asesinos” llevaron su arrogancia al extremo de intentar acabar con el mismísimo Saladino (cuentan las leyendas que en su propia guardia personal había hashshashins camuflados!), y entre sus numerosos enemigos estaban los templarios, temerosos del aura mágica y esotérica que envolvía a estos implacables hombres, aunque también hay muchos misterios relacionados con los saberes que unos y otros compartieron. 

El fin de los asesinos lo determinó el curso de la historia: el avance de los mamelucos y mongoles y la falta de apoyo de los musulmanes ortodoxos llevó a la desaparición total de esta secta, aunque ha pasado a la historia como una leyenda, como una palabra de nuestro diccionario, y como un videojuego de grandísimo éxito, el
Assassin's Creed.   
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17 Feb 2008 
El Mundodisco es un mundo en forma de disco, que viaja por el espacio interestelar apoyado en el lomo de cuatro enormes elefantes, que a su vez apoyan sus patas sobre el gigantesco caparazón de una tortuga, llamada A'Tuin.





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