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28 En 2008 
Hay en Praga un bello puente que cruza el rio Moldava, que se llama Puente de Carlos. De día el bullicio de los puestecillos y los turistas en su camino hacia el castillo ofrece un ambiente alegre y distendido. Pero al llegar la noche, el paisaje cambia de forma sorprendente. El silencio y una iluminación muy ténue da al puente un aspecto casi fantasmal. A lo lejos se alzan las torres del castillo, y las negras estatuas que flanquean ambos lados del puente parecen mirarte entre la neblina. A lo lejos, el rumor de agua del Moldava. Igual o más bello que de día, pero muy diferente.
Precisamente una noche así, sentados junto a una de las estatuas, nos contaron esta leyenda relacionada con el puente:
La construcción del puente de Carlos se inició en el año 1357. Cuenta la leyenda que los primeros años, las obras apenas avanzaban, ya que sobre el puente había caído una maldición, y el diablo derruia de noche lo que se construía de día. El maestro de obra, agotado, decidió pactar con el diablo: si permitía concluir la construcción, se le entregaría el alma de la primera persona que cruzara el puente. Por supuesto el diablo aceptó, y las obras comenzaron a avanzar, de forma que en pocos meses el puente estaba terminado y listo para ser inaugurado. El maestro de obra se sentía apesadumbrado y culpable al pensar en el coste del puente, un alma inocente, y pretendió burlar al diablo. Dispuso que una patrulla de soldados impidieran la entrada al puente de cualquier persona, y metió un gallo en una cesta con la idea de soltarlo para que fuera el ser vivo en cruzar de una orilla a otra. Pero el diablo se lo vio venir, y planeó su venganza. Adoptando una forma humana, fue hasta casa del maestro de obra y contó a su joven esposa que el marido había sufrido un terrible accidente al otro lado del río. La mujer no se lo pensó dos veces y salió corriendo despavorida, pasó junto a los sorprendidos soldados y atravesó el puente... ... desapareciendo ante los ojos de todos y de su desconsolado marido.
Cuentan que desde entonces es posible ver, en las oscuras noches de Praga, una figura vestida de blanco que vaga por el puente llorando y llamando a su esposo.

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28 En 2008 
                             La ciudad de Zamora

Aunque nos pueda parecer extraño, "urraca" era un nombre de mujer muy frecuente en la Edad Media, he contado hasta 11 reinas en las genealogías de reinas de León, Navarra y Castilla con este nombre. Pero la Doña Urraca por excelencia es la hija del rey Fernando I de Castilla y de León. Cuenta la leyenda que en el lecho de muerte de su padre, la hija pronunció estas palabras:

" ¡y a mí, porque soy mujer, - dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra - como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría - a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero - y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, - haré bien por vuestra alma."


Sin embargo, Fernando I de Castilla a su muerte, repartió el reino entre sus tres hijos: Sancho, el primogénito, heredó el reino de Castilla, Alfonso el de León, García el reino de Galicia, y Doña Urraca la plaza de Zamora. Pero la enemistad entre los cuatro infantes ahora reyes no tardó en surgir, y Sancho declaró la guerra a sus hermanos. Primero hizo prisionero a su hermano García arrebatándole Galicia, y después puso cerco a Zamora. Doña Urraca defendió su plaza con uñas y dientes, durante siete largos meses de penurias, hambre y penalidades, que terminaron con el asesinato del rey Sancho a manos de Bellido Dolfos. Desde entonces se llama a Zamora "La Bien Cercada" (tiene tres recintos amurallados) y de esta época es famosa la frase "Zamora no se toma en una hora", cuando queremos decirle a alguien que no sea impaciente.
De Doña Urraca se cuentan numerosas leyendas y misterios. Se desconoce la relación exacta que tuvo con el Cid, aunque se presupone que la reina estaba enamorada del campeador. Lo único que se sabe con certeza al respecto es que fue su madrina de armas y fue la encargada de calzarle las espuelas precisamente en Zamora, en la iglesia de Santiago el Viejo. También se la presupone amante del asesino del rey, Bellido Dolfos. Desde luego fue una mujer valiente, que no se resignó a un segundo plano como mujer en esta época, y que siguió de cerca tanto los asuntos políticos como las intrigas de la corte. Únicamente en sus últimos años dedicó sus esfuerzos a conseguir fondos para instituciones religiosas, hasta su muerte, acaecida en el año 1101. Sus restos descansan en el panteón de la Basílica de San Isidoro en León.


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30 En 2008 

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te armo caballero”.

Con estas palabras y el golpeteo con la espada (llamado "espaldarazo") en el hombro del hombre arrodillado frente al soberano, el señor feudal, noble o incluso abad, se nombraba a un nuevo caballero. A partir de aquí comienza una nueva vida marcada por el cumplimiento de un código de honor que incluye valor, lealtad, justicia, coraje, humildad, fe, nobleza y generosidad. A pesar del prestigio que confiere el ser un caballero, no es una vida fácil. Pero tampoco ha sido fácil llegar hasta aquí…

Antes de llegar a ese momento en el que la espada del rey roza el hombro de su leal súbdito, éste ha tenido que seguir un duro y estricto aprendizaje, que se inicia a la temprana edad de siete años, y que consta de las siguientes etapas:

1. Paje: el niño de siete años es separado de su familia para trasladarlo al castillo donde pasará al cuidado del señor, tomando un primer contacto con las historias de caballeros y aprendiendo el código de honor desde los primeros años.

2. Escudero: es el momento en el que el ya joven aspirante comienza a adiestrarse en el arte de la guerra, acompaña al señor en sus salidas a justas, torneos o batallas, sirviéndole y ayudándole en el campo, alimentando y cuidando a los caballos y manteniendo en correcto estado las armas de su señor.

3. Cuando se consideraba que el escudero ya estaba preparado para ser ordenado, se llevaba a cabo un estricto ritual:

En primer lugar, la víspera del día elegido el escudero debía guardar ayuno durante 24 horas, mientras medita sobre las penurias y penalidades que puede padecer en su futura vida.
Al ocaso, el escudero debe velar sus armas en la capilla, mientras se encomienda a Dios y se pone en sus manos para no desviarse del recto camino.
Al alba, se realizaba una eucaristía, tras la cual los padrinos afirmaban que el candidato cumplía los requisitos para su nombramiento.
Y por fin llega el momento más esperado: En el nombre de la Trinidad, el rey o el señor feudal ordena caballero al anhelante escudero. Se ha realizado su sueño…
La ceremonia concluía con la entrega al recién estrenado caballero de sus espuelas doradas, escudo y yelmo con visera, y… … con toda certeza habrá banquete, baile y torneos.

Ha comenzado su nueva vida de caballero


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01 Feb 2008 
Quien más quién menos se deja llevar por pequeñas supersticiones que atraen la buena o la mala suerte. Muchas de ellas, relacionadas tanto con la buena como con la mala suerte se remontan a siglos atrás, la gran mayoría son medievales.  Aquí dejo los orígenes de las más conocidas:

El gato negro: dice la superstición que cruzarse con un gato negro atrae la mala suerte. Teniendo en cuenta lo apreciados que eran los gatos en las civilizaciones antiguas (recordemos que en Egipto eran considerados semi-dioses e incluso se les momificaba cuando morían para que pasaran a la vida eterna) su relación con la mala suerte se inició en la Edad Media, cuando se asociaban con el culto al diablo y su posesión significaba poco menos que ser un adorador de Satán. Toda mujer anciana y solitaria aficionada a las hierbas y con un gato negro en su casa era mirada con recelo y sospecha.

El trébol de cuatro hojas: era muy apreciado por los druidas celtas para sus ritos y pociones, por lo difícil de su localización: encontrarlo requería de mucha paciencia y de mucha suerte... ... y de ahí su significado.

La herradura: trae buena suerte tener una herradura colgada de la puerta de la casa. El origen de esta superstición es una leyenda medieval en la que un misterioso caballero le encarga a un herrero un par de herraduras para sus pies, que resultaron ser pezuñas. Al verlas, y sospechando que el caballero era el mismísimo diablo, el herrero hizo lo posible porque el ponerle las herraduras fuese dolorosisimo, hasta que el diablo pidió compasión y prometió no volver a entrar en una casa en la que hubiese una herradura en la puerta.

El número 13: desde luego es un número fatídico. Parece que el origen de la superstición está en la mitología nórdica, al parecer 12 dioses del Valhalla estaban invitados a un gran banquete, pero el malvado Dios Loki consiguió sumarse a la celebración, que terminó en una batalla campal y con la muerte de uno de los dioses. La historia volvió a repetirse en la Última Cena, los doce apóstoles y Jesús, pocas horas antes de que éste fuera prendido y ejecutado. Martes y 13 fue el día en que los templarios fueron traicionados y hechos prisioneros. Viernes 13 el día que Jesús fue crucificado. Desd luego hoy en día se considera de muy mal fario sentar a 13 comensales en una mesa, incluso dice la superstición que uno de ellos fallecerá proximamente (creo recordar que este es el argumento principal de una novela de Agatha Christie...)

La pata de conejo: según los antiguos celtas, el conejo era un animal privilegiado. Se dice que es el único animal que nace con los ojos abiertos, y su capacidad de excavar en la tierra y moverse bajo ella le permite ver y conocer cosas que el ser humano no imagina. Además a nadie se le escapa su increíble capacidad reproductiva, símbolo de la buena suerte en la edad media. Se cree que llevar una pata de conejo nos confiere prosperidad y capacidad para ver más allá...

El color amarillo: en la Edad Media era el color utilizado por la santa inquisición para exponer bajo escarnio público a los herejes, las adúlteras y los criminales en general (el llamado sambenito era de ese color). Los malos augurios sobre el amarillo se extendieron al mundo del arte cuando Molière falleció en plena escena vestido de este color.


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03 Feb 2008 

Estamos en pleno carnaval, y estos días muchos de nosotros nos esconderemos debajo de un disfraz para salir a pasarlo bien. ¿De dónde procede esta curiosa tradición de salir disfrazados a reír, bailar, comer, beber y etc? Pues sí, el carnaval tal y como lo conocemos hoy día comenzó a gestarse en la Edad Media, el supuesto "periodo oscuro" de la Historia. Los carnavales se celebran los tres días previos al miércoles de ceniza y al inicio de la Cuaresma, y se dice que el nombre deriva de la palabra "carnelevarium", que significa "quitar la carne", ya que en la Cuaresma la tradición cristiana es no comer carne durante los siguientes 40 días.
Pues bien, justo los días previos a que empiece tan penosa penitencia, todo está permitido: bailes, fiestas, opíparos banquetes, música, comparsas y mucha mucha diversión, para que el cuerpo coja "energías" para los días venideros. El desenfreno era tal que los en otras épocas modélicos ciudadanos se escondían bajo máscaras, antifaces y disfraces para no ser reconocidos, incluso en ocasiones se intentó prohibir la fiesta, ya que bajo el amparo del disfraz se cometían delitos y tropelías. Todo valía, incluso hacer burla o sátira de autoridades políticas y religiosas, lo que ha ido derivando en canciones satíricas hoy conocidas como las chirigotas o las murgas en algunos puntos de nuestro país. El bullicio y el jolgorio de las calles contrastaban con los encorsetados bailes de máscaras de la nobleza, en los que se desfilaba con pomposos y decorados disfraces al ritmo de las pavanas y los minués. Son famosos ya desde el siglo XIII los carnavales de Venecia, aunque su máximo apogeo fue en siglos posteriores.

El día grande de los carnavales es el Martes de Carnaval, justo el día previo al serio y gris Miércoles de Ceniza. En muchas ciudades se celebra en este día una curiosa tradición, que es el Entierro de la Sardina. Como su nombre indica, se trata de un desfile fúnebre en el que, tras un féretro en el que está la pobre sardina fallecida, avanza el cortejo formado por el sacerdote, los monaguillos, el fiscal y las viudas de la sardina, llorando e implorando por el perdón de los pecados de la carne. La fiesta suele concluir con una sardinada popular. Irreverencia hasta el final… ;)


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